domingo, 7 de octubre de 2018

La inmortalidad del clasicismo

"Clásico. Es decir, actual. Es decir, eterno"

Juan Ramón Jiménez


Diego Urdiales | Ana Escribano
clásico, ca 
Del lat. classĭcus.
1. adj. Dicho de un período de tiempo: De mayor plenitud de una cultura, de una civilización, de una manifestación artística o cultural, etc.
2. adj. Dicho de un autor, de una obra, de un género, etc.: Que pertenece al período clásico. Apl. a un autor o a una obra, u. t. c. s. m. Esa película es un clásico del cine.
3. adj. Dicho de un autor o de una obra: Que se tiene por modelo digno de imitación en cualquier arte o ciencia. U. t. c. s. m.
[...]
La riqueza de la lengua castellana, a través de la RAE, ofrece hasta diez acepciones relativas al vocablo "clásico". Llegando a la tercera, no creo necesario continuar: define, a la perfección, el recital otoñal de Diego Urdiales en Las Ventas. No sólo clasicismo. Majeza. Naturalidad. Temple. Belleza. Torería. Valor. Aplomo. Paciencia. Un sinfín de loas plenamente justificadas.

"¿Qué es torear?", cuestionó el gran crítico Gregorio Corrochano para titular una obra maestra. Aluyó a Joselito y Domingo Ortega. En nuestros tiempos, debemos referir al torero arnedano para ejemplificar vívidamente la supervivencia del hilo del toreo pasado y presente, old-fashioned y trendy, castizo y millenial.

Diego refuerza y recrimina toda esa clase de tópicos melosos, cursilones, cantados al primero que corta las orejas. Ustedes disculpen, pero se trata de la excepción confirmante de la regla. Esa colocación constante, parsimoniosa, acompasada, delante de la cara del toro. Las caricias al palillo, tomándolo con mimo. Apertura del compás, más allá del primer muletazo de la tanda, reafirmando la quintaesencia clásica de su tauromaquia. La incansable búsqueda del trazo largo, enganchando adelante y rematando hasta bien detrás de la cadera. El valor silencioso, como dijo Ángel Luis sobre su hermano Antonio Bienvenida, para torear tan templado, parando el tiempo. Porque, contra el tópico, torear pausado, buscando ese temple sólo para privilegiados, requiere igual o mayor entereza que los recurridos ademanes populistas actuales. O la naturalidad andante sobre el albero. La ansiada naturalidad, buscada por tantos y personificada por tan pocos.

Curro Romero tiene razón. ¿Qué clase de infiel desconfiaría de gustos y predilecciones faraónicas? Para muestra, la práctica unanimidad de criterios en la concesión de trofeos. Las Ventas representa lo más similar al paradigma exigente en un coso taurino. Plaza difícil, como Flandes en el XVII. Porque, sin ánimos de aguar la borrachera de toreo, ya casi nada es lo que fue. Excepto el clasicismo. El volver a volver.

Regresar. Para barnizar la madera agrietada del aficionado viejo. Para rematar el brillo ilusionante y recién estrenado del neófito. Porque, a decir verdad, no tiene precio debutar en un festejo taurino con esta actuación. Ya percibirán la excepcionalidad de este día conforme presencien-visualicen festejos y, por ende, temporadas.

Como la música de Mozart o Beethoven, los frescos sixtinos de Michelangelo Buonarotti, las columnas dóricas del Partenón de Atenas o las novelas picarescas de Miguel de Cervantes, el espíritu del toreo clásico jamás morirá. Un espíritu encarnado en determinados toreros, como Diego Urdiales Hernández.

jueves, 17 de mayo de 2018

Alejandro canta jondo y Madrid se parte la camisa

Recuerdo a Talavante cantando junto a Diego Carrasco y también en aquel festejo augustoemérito emitido por Televisión Española. Lo anterior se produjo en sentido literal, pero, si utilizamos el recurso metafórico en el orbe de muletas y astas, a nada malo puede referirse. Desconozco el palo: tangos, bulerías, tarantos, fandangos, granaínas, sevillanas, malagueñas... Optemos por bulerías, compás predilecto del matador pacense. Ahora tiene más facha que nunca de cantaor flamenco, con su pelito largo engominado hacia detrás. Mejor que cuando copiaba haircuts de su íntimo, Sergio Ramos.

Alejandro trae al aficionado por la calle de la amargura. De carácter abúlico, irregular y bastante asiduo a aquella mandanga de Paco Camino, su temporada estándar alterna verdaderos picos de gloria y tardes dignas de almohadillazos, merecedores de arrojo con alevosía y considerables kilómetros-hora. Pero, cuando lo hace, los astros se alinean, aumenta la tasa de natalidad y quienes se miran por la calle, sufren de hechizo cupidesco. Los pájaros cantan. Corea del Norte desmantela su armamento nuclear. La tasa de desempleo patria desciende en siete u ocho puntos. Y, cómo no, el aficionado siente revolotear mariposas por su estómago, escalofríos ascendentes por ambos brazos y una emoción al borde del lagrimeo. Porque, cuando suena la música callada del toreo, qué quieren que les diga: me salta una lagrimilla aislada e intento ocultarla estoicamente a mi compañero de tendido. "Qué bonito es lo bonito", como entona José Alfredo Jiménez en sus rancheras.

AT tuvo, en sus muñecas, abrir la Puerta Grande de Las Ventas. Prosigue su preocupante mala racha con el estoque. Dos buenos ejemplares de Cuvillo, Aguador y Rosito, conectaron con la madurez estilística del espada. El sudor, combatiendo en feroz guerra contra la gomina, desata la suelta de cuatro tirabuzones. Va a pegar los primeros quejíos: ayudados por bajo, genuflexos (¡mirando al tendido!). Con temple y altivez. Para trasladar su propio estado nirvana-zen a veintidosmil tíos, todo un clásico: mano izquierda, trazo largo y mano baja, enfundada por ese característico protector negro.

Y Madriz. Madrit. Madrif. Madrid. Cuántos iluminados atacan su esencia. Bonita idiosincrasia, particular y distinta al resto. Me encantan los gritos del seis-siete y la exigencia de sus propios cánones (¡para eso pagan!). En ocasiones, apartan el vociferio, sabiendo mutar en silencio maestrante, expectantes de quilombo artístico (lo percibí ayer con Talavante). Y cómo se parten la camisa cuando el espada hace el toreo, entregando alma y verdad, rugiendo como auténticos leones de circo romano.

sábado, 12 de mayo de 2018

There will be haters

"Bohemio es aquel que da la vida por el arte [...] una caja de sorpresas; y así soy yo"

Morante de la Puebla


Fortes y Urante-29 | Pablo Cobos

Fortes ft. (Juan) Magán

Al alba, deslumbran los primeros rayos de sol, directos hacia mi tez blanquecina. Menos mal que ideé entreabrir la ventana, pues anoche padecí calor infernal y el descarado robo a Saúl Jiménez Fortes sólo acrencentó la temperatura. Aún retumban ecos de abucheos venteños por Calle Sierpes: fíjense si han llegado lejos. Qué revolución de decibelios. Mi anciana vecina, Josefina, sabedora de mi afición a capotes, muletas y pitones, me preguntó por una almohadilla bien acolchada, de color marrón oscuro. De esas que venden, por las bocanas de acceso, a tres euros. Algún malnacido, espoleado por tanta injusticia poética, la habrá arrojado desde el tendido donde se ubica el palco presidencial, con ínfulas de impacto al rostro del mandamás. Claramente, falló en sus intenciones. Como cuando Ramos mandó, contra el Bayern Múnich, el balón a la estratosfera.

El usía, señor José Magán, cuyo apellido remembra a seudocantante de electrolatino, debe replantearse su criterio profesional a partir de ya. Pocas veces observé a la presidencia de un festejo  actuando, en tan alto grado, como deidad despótica ilustrada (al más puro estilo Carlos III), ajena a los dos grandes entes protagonistas del espectáculo, culpables y responsables del paso por taquilla por parte de quince mil espectadores: hombre y animal; matador y toro de lidia. O, si se quiere, elevemos categóricamente hasta Santísima Trinidad: matador, toro de lidia y ganadero. Por empatía, respeto y sensibilidad, este señor debe ser advertido por autoridades superiores y, en caso de reiteración polémica conductual, tomar pertinentes medidas.

En riguroso cumplimiento reglamentario, la concesión del primer trofeo recae sobre soberanía popular, existieren, o no, méritos. Este hecho ha sido motivo de debate en mi fuero interno durante incontables ocasiones: si ha pegado bajonazo y el respetable solicita oreja, ¿debe otorgarse? Bajo mi ignorante punto de vista, no. Existe una esencia digna de salvaguardia: ofrecer al toro una muerte a la altura de su dimensión y figura. La actuación de Fortes no marchó por aquellos derroteros, estoqueando en todo lo alto (algo desprendida) e inventando una faena respetable, basada en arrojo y pundonor, tras recibir una voltereta. Aparentemente tranquilo tras no obtener premio, acogió el calor de Madrid tras dos sentidas y ovacionadas vueltas al ruedo.


Resurgimiento cigarrero

No finaliza ahí la degustación gourmet. Cuán caprichoso es el calendario: trescientos sesenta y cinco (seis, los bisiestos) días, para distribuir equitativamente eventos y sucesos, concentrándose derbi sevillano y reaparición de Morante en la misma jornada. Debido a mi condición de abonado bético, la crucialidad del encuentro y no haber adquirido papel para el coso jerezano, seguiré el evento desde la cálida lejanía benitovillamarinense, donde, a buen seguro, algún viejo (ojalá joven: señal de savia nueva) aficionado oirá la narración radiofónica pertinente y, milagrosamente, aunará los olés verdiblancos y el timing muñequero del oriundo de Puebla del Río.

Todo el cuerpo acompaña a la verónica
En estos días previos, leyendo a aficionados y periodistas, recordé una campaña (Adidas, 2015), muy a colación del contexto taurino actual: "There will be haters" (siempre habrá personas que odien). Benzema, víctima del piperismo recalcitrante santiagobernabeusista, formó parte de esta genialidad publicitaria. Como anillo al dedo. Siempre existirá alguien que odie, variando la motivación (ego, envidia, frustración, rencor...). El hater no cuenta con mal fondo ni corazón. Un puntito de guasa puyera y tres cuartos de kilo de mala idea. Traducirlo como "odiador" me parece exagerado. Malaje. Malange. Cabroncete. Como realmente nadie alcanza la perfección, el malaje buscará aquel resquicio deficiente de su objetivo, para posteriormente inflarlo y cebarse. "Bensemá (sic) no es nueve para el Madriz/Madrit (sic), porque no marca goles". El malaje no celebra los goles de su equipo cuando anota su blanco de críticas, por pura impotencia.

No me atrevería a acometer la analogía entre Morante y Benzema. La contrastada y dispar peligrosidad entre ambas profesiones no me lo permite: quien se viste de luces, compra más boletos de muerte que quien corre desgarbado y toca balón durante noventa minutos. No voy a negar, amén de propaganda y conformación sociocultural actual, la mayor presión mediático-popular sufrida por el jugador de fútbol. Pero, amigo, honra, prestigio y privilegio de jugarse el pellejo, cada tarde, pertenece a los virtuosos dioses terrenales de luces. Desde un matador, a tarde por temporada, hasta el mismísimo líder del escalafón. Desde una plaza de talanqueras, hasta la mismísima Real Maestranza de Caballería de Sevilla en tardes de no hay billetes.

KB9
José Antonio y Karim son dos genios incomprendidos en su respectiva parcela profesional, víctimas de la polarización enfervorizada popular: amor u odio. Todo o nada estará bien. Nunca nadie gustó a todo el mundo, por simple diversidad de opinión o pensamiento. No cabe cuestionar la inexistente perfección en todo ámbito, sino la infravaloración dañina e intencionada. Si algo posee la crónica del toreo a pie, además de un sinfín de anécdotas, festejos y matadores, son las lecciones históricas y morales cíclicas a lo largo de cuatro siglos. No hace tanto, unos tales Curro Romero y Rafael de Paula fueron, entre otras cosas, diana, detrás de la puerta, en el despacho del alto ejecutivo, abonado en primera de barrera; crítica ejemplarizante para una prensa interesada y poco comprensiva, por ignorancia y falta de conocimiento técnico; y etiquetas simplistas para mercadear, ajusticiando y empequeñeciendo astronómicas dimensiones taurómacas.

El caso de Manolete: ¿no sabían que, durante su ejercicio profesional, fue tildado de perfilero y ventajista? Ni los grandes aficionados de postín ni los críticos de pluma fina anduvieron suficientemente avispados como para apreciar la fragua estético-técnica reinante, desde entonces, hasta nuestros días, esto es, el toreo moderno en su máxima expresión: faena en redondo a todos los toros. Ya lo dijo Juan Belmonte: "llegará alguien un día que hará faena a todos los toros". Fue Manuel, hijo de Doña Angustias.

Manuel, Curro y Rafael, a día de hoy, descansan en la suite presidencial del Panteón de los Taurinos Ilustres. O séase, para el aficionado, independientemente de su condición (torerista, torista, juerguista, guarnicionero, taxidermista, taxista o juancarlistayluegorepublicano), estos hombres forman parte del Patrimonio Artístico y Material Taurino. El tiempo, tan sabio y lento, camina quedo y  en silencio, colocando las piezas a su particular son.

Armonía
Morante, cuando su abulia e irregularidad lo permiten, practica el toreo más perfecto y puro del escalafón. No pretendo caer en ningún tipo de hagiografía o exégesis. Simplemente, callo, leo, observo y llego a conclusiones, desde mi exclusivo prisma subjetivo, sin pretensión de obtener reciprocidad o aprobación por parte de cualquier otro aficionado.

La faceta taurina displicente joseantoniana conforma la parte más desagradable: planteamiento y programación de temporada. La figura, en su concepción histórica, por naturaleza, debe comparecer en todas las plazas de categoría, durante varias tardes (matando encaste underground en alguna de ellas), y someterse a juicio valorativo por parte de los públicos más prestigiosos (Sevilla, Madrid, Bilbao). Pepe Luis Vázquez, tan artista y garboso, mató Miura. También, Rafael El Gallo. Además, Gallito. O Juan Belmonte. Y Chicuelo.

Dos figuras cosmopolitas, como José Tomás y Morante de la Puebla, ya viejos rockeros, continúan sembrando mariposas en el estómago del aficionado. Ejecutando el toreo caro en sus dos vertientes: apolínea y dionisíaca. Deben prodigarse más, en beneficio propio (más festejos en plazas importantes, más dinero y, si hay éxito, mayor prestigio de cara a la historia), del aficionado (presenciando la actuación de los mejores) y la tauromaquia (las figuras superiores atraen gente a las plazas y pueden enganchar al profano).

Con el paso de las décadas, el cigarrero entrará en el mencionado Panteón. Estoy seguro. Dada la notoria extravagancia estilística, a saber qué trapío lucirá, para recoger el premio, por aquellas calendas: patillas canosas alobeznadas, pelo blanquecino frondoso, camisas florales y pantalones color chillón. Hoy por hoy, no queda sino disfrutar, con ojos bien abiertos y cinco sentidos activados, de un personaje único, responsable de aunar y fundir maneras decimonónicas, gallistas, belmontistas, chicuelistas, pepeluisistas y, por supuesto, paulistas. Puro toreo sevillano.

domingo, 6 de mayo de 2018

El gallismo de Morante

Para gran cuantía de críticos, periodistas y revisteros, la influencia gallista en la tauromaquia (fuera y dentro de la arena) de José Antonio Morante pasa desapercibida. De puntillas. No resulta extraño, pues gran parte del journalisme taurino, ignora la historia estético-técnica del toreo a pie o, en cambio, asume sesgados postulados oficialistas, supervivientes a lo largo de décadas. En esta entrevista, Javier Hurtado habla de "joselitismo" (?), término inapropiado y más cercano, por proximidad nominal y temporal, a José Miguel Arroyo Delgado (n. 1969). Tal vez, peque de exquisito, pero, a las cosas, por su nombre: gallismo. Gallistas, como servidor, sus partidarios.

Otras plumas, de cuyo nombre no quiero acordarme, han divulgado, pontificado y reiterado la exclusiva gestación del toreo moderno por parte de Juan Belmonte. Si bien Juan descubrió el pitón contrario, el toreo sobre los brazos e interrelacionó la tauromaquia con otros ámbitos culturales (escultura, literatura, pintura...), Gallito no sólo igualó las aportaciones del trianero, sino que, a buen seguro, lo adelantó por la izquierda: apadrinó la creación de plazas monumentales (Madrid, Pamplona, Sevilla...) y, por ende, popularizó la asistencia a las corridas de toros, hasta entonces sólo para paladeo de aristocracia y jet-set; fabricó, amén de su amistad con la élite ganadera y predilección hacia la vida rural, un toro adecuado para las incipientes exigencias del público (último tercio), eligiendo a Vistahermosa como paradigma de bravura, en detrimento de Veragua, cumplidor en varas y, de más a menos, en muleta; y, por último, el toreo en redondo, esto es, ligar los pases de forma circular, dando lugar a una serie. Belmonte, exceptuando dos o tres faenas, jamás toreó en redondo, como reza la leyenda, sino en ochos (un pase natural y otro de pecho). Siguiendo la tesis de José Alameda, Gallito practicó el toreo en redondo o de reunión y, Belmonte, contrario o de expulsión.

Morante de la Puebla sentencia desde una atmósfera gallista. El despacho, subastado de salida, por la empresa Isbilya, a partir de doce mil euros, perteneció al mismísimo José y quién sabe si este transformó la historia del toreo desde la tranquila reflexión en este enser. Ciertos muebles y un cuadro alargado del matador completan el atrezzo ambiental para la ocasión: "Sí. Tuve esa suerte [adquirir despacho] porque, a veces, las circunstancias se dan y, para mí, es un honor tener el escritorio de José en mi casa. Lo idolatro como debieran hacerlo todos. Lo veo y me sirve espiritualmente".

Mismo mueble; distintos matadores | Fotografía Morante: Pepe Ruciero
"[...] Joselito aúna, en él, todas las tauromaquias anteriores y, además, propias. Hechas con sencillez y naturalidad que a mí me conmueven y asombran. No es la tauromaquia de Joselito. Es todo lo que hizo con tan poco tiempo: lo mató un toro con veinticinco años. Además, nunca alardeó, de forma 'populacha', de ser torero, sino de manera elegante, estilosa y seria. Joselito es el torero que ha sabido aunar todo de forma espiritual. No que se quiera uno parecer en la figura o quiera hacer lo mismo, sino ese concepto arcaico, antiguo y artístico, es el que persigo".

Estas declaraciones, además de la confesa admiración hacia José, dejan constancia del afán cognitivo morantista hacia la tauromaquia antigua y clásica. Habitualmente, lee biografías (si ven la entrevista desde el principio, Morante aparece con un libro de Gallito entre sus manos) y visualiza faenas antiguas. Por enfermedad obsesiva hacia la tauromaquia y, cómo no, en propio beneficio, pudiendo enriquecer su estilo y abarcar mayor dimensión en la historia.

Joselito El Gallo funde, en su concepto, toda la tauromaquia del s. XIX, aprendida gracias a lecciones de padres y hermanos. No queda ahí, pues añade su grano de arena a la gestación del toreo moderno: torear en redondo, característica primigenia de Rafael Guerra 'Guerrita', mas perfeccionada y conjugada con gracia sevillana y toreadora gallista. Tampoco alardeó, como dice Morante. Dotado de torería cara, mostrada en la plaza y fuera de ella. Sin declaraciones fuera de tono y escasas estridencias. Viviendo en el campo, amén de su afán y obsesión torera, para encontrar espiritualmente su propio concepto y, de paso, gestar un tipo de toro válido para nuevos tiempos.