domingo, 2 de diciembre de 2018

Savoir d’où vient le vent: la furgoneta de Morante

Morante y Abascal, frente al mausoleo gallista de Benlliure | @AbeInfanzon
Hace relativamente poco, descubrí el punch retórico de las expresiones en francés. Imagínense, en Vic-Fezensac, durante Pentecostés, derramando medio vodka con limón a un gabacho. El fulano, visiblemente enrojecido por ira y no ebriedad, frunce el ceño y empieza a balbucear vocablos napoleónicos. Con total probabilidad, esté recordando cuatro generaciones atrás de tu árbol genealógico, pero, traduciéndolo, escuchas como si pronunciara un te quiero.

Algo así sucede con VOX y la fiesta de los toros. Resulta, de mayor conveniencia, oír loas, cariño y palabras bonitas, donde, realmente, la intuición da a entender la existencia de mera relación conveniente e interesada electoralmente. Abandonando, a un lado, propuestas políticas ajenas a tauromaquia, la formación de Santiago Abascal ha encontrado un target neopunk en los nuevos parias de la inquisición moralista del actual siglo, agresiva y coercitiva contra cualquier creencia o manifestación con connotación tradicional, llámese cristianismo, tauromaquia o patriotismo.

Precisamente, hipocresía, mirada soslayesca y acomplejamiento ridículo, en el seno de los partidos mainstreams y neotradicionales, han posibilitado el auge de nuevos vientos. En 2014, Podemos protagonizó una gesta, de similar calibre, en los comicios autonómicos y generales. Remontándonos al convulso siglo XX, el período de entreguerras (1918-1939) propició gobiernos comunistas y fascistas en grandes potencias mundiales, desembocando en el desastre bélico de la II Guerra Mundial. La historia, en mayor o menor medida, es cíclica.

La demagogia y el populismo, siempre tan agarrados de la mano, utilizan la popularidad de personajes públicos, pertenecientes a la esfera objetivo, para causar sensación de agrado y aceptación entre la masa perteneciente al sector. Además, con el agravante de la era smartphone, privacidad diluida mediante, la notoriedad de cualquier gesto se multiplica por seis. Morante de la Puebla, genio de nacimiento, excelente torero y, como resultado de este cóctel, personaje controvertido (amor u odio), ha caído en las redes interesadas de VOX, protagonizando un viraje intelectual, tan respetable como criticable, digno de Jorge Vestrynge o Federico Jiménez Losantos. De Bergamín, a Abascal, pasando por García-Trevijano. Cierto es que, la alimentación literaria, puede provocar transformaciones en el pensamiento político.

No, por ello, debemos ensalzar la censura del libre ejercicio de derechos y libertades civiles, bastante presente entre gran cantidad de aficionados. ¿Acaso el malogrado Sánchez Mejías fue menos torero por actuar también como dramaturgo, periodista o mecenas cultural? ¿O Antonio Bienvenida, por mostrar abiertamente su fe católica y pertenencia al Opus Dei? ¿O cualquier torero decimonónico, partidario, durante la Guerra de la Independencia, de José Bonaparte o Fernando VII; o, unas décadas más hacia adelante, blandidor de su espada en pos de la causa carlista o cristina? Es decir, ¿la profesión de matador de toros prohíbe la compatibilidad con otras profesiones?

Albert Rivera y Serafín Marín | Twitter
Con el éxito de VOX y sus doce escaños, espero que Morante no se arrepienta, en un futuro a medio plazo, de haber arrimado, a la lumbre liberal-conservadora andaluza, a una hipotética organización traidora de sus principios teóricos y originales en relación con la defensa y promoción de la fiesta de los toros. Para muestra, esta instantánea: Albert Rivera, junto a Serafín Marín, matador de toros catalán más insigne de nuestros días. Tomada en tiempos de siembra electoral, con afán prohibicionista catalán de por medio, el tan hispano político aprovechó para salir guapo en la fotografía, compartiendo, de manera injusta, gloria con el héroe de luces.

En tiempos de cosecha, el trajeado de seda posicionó, su erguida figura, de perfil, utilizando, como triste marioneta, al vestido de luces, tristemente arrinconado por realidades internas y externas desfavorables. La naranja política faltó, falta y continuará faltando a su palabra. Los del nombre en latín, con recién estrenada representación parlamentaria, no han tenido tiempo para demostrar nada, más allá de presuntas buenas intenciones hacia la fiesta. Tal vez, futuro papel mojado. Quizás, proyectos serios por venir.

Si, taurómacamente hablando, la apuesta funciona y, me das la venia, Morante, montaré en la furgoneta, para los próximos comicios, vistiendo camiseta floreada, conjuntada con pantalón chino de color chillón. Qué más dará si vuelvo a introducir la papeleta de Gallito en el sobre verde.

domingo, 7 de octubre de 2018

La inmortalidad del clasicismo

"Clásico. Es decir, actual. Es decir, eterno"

Juan Ramón Jiménez


Diego Urdiales | Ana Escribano
clásico, ca 
Del lat. classĭcus.
1. adj. Dicho de un período de tiempo: De mayor plenitud de una cultura, de una civilización, de una manifestación artística o cultural, etc.
2. adj. Dicho de un autor, de una obra, de un género, etc.: Que pertenece al período clásico. Apl. a un autor o a una obra, u. t. c. s. m. Esa película es un clásico del cine.
3. adj. Dicho de un autor o de una obra: Que se tiene por modelo digno de imitación en cualquier arte o ciencia. U. t. c. s. m.
[...]
La riqueza de la lengua castellana, a través de la RAE, ofrece hasta diez acepciones relativas al vocablo "clásico". Llegando a la tercera, no creo necesario continuar: define, a la perfección, el recital otoñal de Diego Urdiales en Las Ventas. No sólo clasicismo. Majeza. Naturalidad. Temple. Belleza. Torería. Valor. Aplomo. Paciencia. Un sinfín de loas plenamente justificadas.

"¿Qué es torear?", cuestionó el gran crítico Gregorio Corrochano para titular una obra maestra. Aluyó a Joselito y Domingo Ortega. En nuestros tiempos, debemos referir al torero arnedano para ejemplificar vívidamente la supervivencia del hilo del toreo pasado y presente, old-fashioned y trendy, castizo y millenial.

Diego refuerza y recrimina toda esa clase de tópicos melosos, cursilones, cantados al primero que corta las orejas. Ustedes disculpen, pero se trata de la excepción confirmante de la regla. Esa colocación constante, parsimoniosa, acompasada, delante de la cara del toro. Las caricias al palillo, tomándolo con mimo. Apertura del compás, más allá del primer muletazo de la tanda, reafirmando la quintaesencia clásica de su tauromaquia. La incansable búsqueda del trazo largo, enganchando adelante y rematando hasta bien detrás de la cadera. El valor silencioso, como dijo Ángel Luis sobre su hermano Antonio Bienvenida, para torear tan templado, parando el tiempo. Porque, contra el tópico, torear pausado, buscando ese temple sólo para privilegiados, requiere igual o mayor entereza que los recurridos ademanes populistas actuales. O la naturalidad andante sobre el albero. La ansiada naturalidad, buscada por tantos y personificada por tan pocos.

Curro Romero tiene razón. ¿Qué clase de infiel desconfiaría de gustos y predilecciones faraónicas? Para muestra, la práctica unanimidad de criterios en la concesión de trofeos. Las Ventas representa lo más similar al paradigma exigente en un coso taurino. Plaza difícil, como Flandes en el XVII. Porque, sin ánimos de aguar la borrachera de toreo, ya casi nada es lo que fue. Excepto el clasicismo. El volver a volver.

Regresar. Para barnizar la madera agrietada del aficionado viejo. Para rematar el brillo ilusionante y recién estrenado del neófito. Porque, a decir verdad, no tiene precio debutar en un festejo taurino con esta actuación. Ya percibirán la excepcionalidad de este día conforme presencien-visualicen festejos y, por ende, temporadas.

Como la música de Mozart o Beethoven, los frescos sixtinos de Michelangelo Buonarotti, las columnas dóricas del Partenón de Atenas o las novelas picarescas de Miguel de Cervantes, el espíritu del toreo clásico jamás morirá. Un espíritu encarnado en determinados toreros, como Diego Urdiales Hernández.

jueves, 17 de mayo de 2018

Alejandro canta jondo y Madrid se parte la camisa

Recuerdo a Talavante cantando junto a Diego Carrasco y también en aquel festejo augustoemérito emitido por Televisión Española. Lo anterior se produjo en sentido literal, pero, si utilizamos el recurso metafórico en el orbe de muletas y astas, a nada malo puede referirse. Desconozco el palo: tangos, bulerías, tarantos, fandangos, granaínas, sevillanas, malagueñas... Optemos por bulerías, compás predilecto del matador pacense. Ahora tiene más facha que nunca de cantaor flamenco, con su pelito largo engominado hacia detrás. Mejor que cuando copiaba haircuts de su íntimo, Sergio Ramos.

Alejandro trae al aficionado por la calle de la amargura. De carácter abúlico, irregular y bastante asiduo a aquella mandanga de Paco Camino, su temporada estándar alterna verdaderos picos de gloria y tardes dignas de almohadillazos, merecedores de arrojo con alevosía y considerables kilómetros-hora. Pero, cuando lo hace, los astros se alinean, aumenta la tasa de natalidad y quienes se miran por la calle, sufren de hechizo cupidesco. Los pájaros cantan. Corea del Norte desmantela su armamento nuclear. La tasa de desempleo patria desciende en siete u ocho puntos. Y, cómo no, el aficionado siente revolotear mariposas por su estómago, escalofríos ascendentes por ambos brazos y una emoción al borde del lagrimeo. Porque, cuando suena la música callada del toreo, qué quieren que les diga: me salta una lagrimilla aislada e intento ocultarla estoicamente a mi compañero de tendido. "Qué bonito es lo bonito", como entona José Alfredo Jiménez en sus rancheras.

AT tuvo, en sus muñecas, abrir la Puerta Grande de Las Ventas. Prosigue su preocupante mala racha con el estoque. Dos buenos ejemplares de Cuvillo, Aguador y Rosito, conectaron con la madurez estilística del espada. El sudor, combatiendo en feroz guerra contra la gomina, desata la suelta de cuatro tirabuzones. Va a pegar los primeros quejíos: ayudados por bajo, genuflexos (¡mirando al tendido!). Con temple y altivez. Para trasladar su propio estado nirvana-zen a veintidosmil tíos, todo un clásico: mano izquierda, trazo largo y mano baja, enfundada por ese característico protector negro.

Y Madriz. Madrit. Madrif. Madrid. Cuántos iluminados atacan su esencia. Bonita idiosincrasia, particular y distinta al resto. Me encantan los gritos del seis-siete y la exigencia de sus propios cánones (¡para eso pagan!). En ocasiones, apartan el vociferio, sabiendo mutar en silencio maestrante, expectantes de quilombo artístico (lo percibí ayer con Talavante). Y cómo se parten la camisa cuando el espada hace el toreo, entregando alma y verdad, rugiendo como auténticos leones de circo romano.

sábado, 12 de mayo de 2018

There will be haters

"Bohemio es aquel que da la vida por el arte [...] una caja de sorpresas; y así soy yo"

Morante de la Puebla


Fortes y Urante-29 | Pablo Cobos

Fortes ft. (Juan) Magán

Al alba, deslumbran los primeros rayos de sol, directos hacia mi tez blanquecina. Menos mal que ideé entreabrir la ventana, pues anoche padecí calor infernal y el descarado robo a Saúl Jiménez Fortes sólo acrencentó la temperatura. Aún retumban ecos de abucheos venteños por Calle Sierpes: fíjense si han llegado lejos. Qué revolución de decibelios. Mi anciana vecina, Josefina, sabedora de mi afición a capotes, muletas y pitones, me preguntó por una almohadilla bien acolchada, de color marrón oscuro. De esas que venden, por las bocanas de acceso, a tres euros. Algún malnacido, espoleado por tanta injusticia poética, la habrá arrojado desde el tendido donde se ubica el palco presidencial, con ínfulas de impacto al rostro del mandamás. Claramente, falló en sus intenciones. Como cuando Ramos mandó, contra el Bayern Múnich, el balón a la estratosfera.

El usía, señor José Magán, cuyo apellido remembra a seudocantante de electrolatino, debe replantearse su criterio profesional a partir de ya. Pocas veces observé a la presidencia de un festejo  actuando, en tan alto grado, como deidad despótica ilustrada (al más puro estilo Carlos III), ajena a los dos grandes entes protagonistas del espectáculo, culpables y responsables del paso por taquilla por parte de quince mil espectadores: hombre y animal; matador y toro de lidia. O, si se quiere, elevemos categóricamente hasta Santísima Trinidad: matador, toro de lidia y ganadero. Por empatía, respeto y sensibilidad, este señor debe ser advertido por autoridades superiores y, en caso de reiteración polémica conductual, tomar pertinentes medidas.

En riguroso cumplimiento reglamentario, la concesión del primer trofeo recae sobre soberanía popular, existieren, o no, méritos. Este hecho ha sido motivo de debate en mi fuero interno durante incontables ocasiones: si ha pegado bajonazo y el respetable solicita oreja, ¿debe otorgarse? Bajo mi ignorante punto de vista, no. Existe una esencia digna de salvaguardia: ofrecer al toro una muerte a la altura de su dimensión y figura. La actuación de Fortes no marchó por aquellos derroteros, estoqueando en todo lo alto (algo desprendida) e inventando una faena respetable, basada en arrojo y pundonor, tras recibir una voltereta. Aparentemente tranquilo tras no obtener premio, acogió el calor de Madrid tras dos sentidas y ovacionadas vueltas al ruedo.


Resurgimiento cigarrero

No finaliza ahí la degustación gourmet. Cuán caprichoso es el calendario: trescientos sesenta y cinco (seis, los bisiestos) días, para distribuir equitativamente eventos y sucesos, concentrándose derbi sevillano y reaparición de Morante en la misma jornada. Debido a mi condición de abonado bético, la crucialidad del encuentro y no haber adquirido papel para el coso jerezano, seguiré el evento desde la cálida lejanía benitovillamarinense, donde, a buen seguro, algún viejo (ojalá joven: señal de savia nueva) aficionado oirá la narración radiofónica pertinente y, milagrosamente, aunará los olés verdiblancos y el timing muñequero del oriundo de Puebla del Río.

Todo el cuerpo acompaña a la verónica
En estos días previos, leyendo a aficionados y periodistas, recordé una campaña (Adidas, 2015), muy a colación del contexto taurino actual: "There will be haters" (siempre habrá personas que odien). Benzema, víctima del piperismo recalcitrante santiagobernabeusista, formó parte de esta genialidad publicitaria. Como anillo al dedo. Siempre existirá alguien que odie, variando la motivación (ego, envidia, frustración, rencor...). El hater no cuenta con mal fondo ni corazón. Un puntito de guasa puyera y tres cuartos de kilo de mala idea. Traducirlo como "odiador" me parece exagerado. Malaje. Malange. Cabroncete. Como realmente nadie alcanza la perfección, el malaje buscará aquel resquicio deficiente de su objetivo, para posteriormente inflarlo y cebarse. "Bensemá (sic) no es nueve para el Madriz/Madrit (sic), porque no marca goles". El malaje no celebra los goles de su equipo cuando anota su blanco de críticas, por pura impotencia.

No me atrevería a acometer la analogía entre Morante y Benzema. La contrastada y dispar peligrosidad entre ambas profesiones no me lo permite: quien se viste de luces, compra más boletos de muerte que quien corre desgarbado y toca balón durante noventa minutos. No voy a negar, amén de propaganda y conformación sociocultural actual, la mayor presión mediático-popular sufrida por el jugador de fútbol. Pero, amigo, honra, prestigio y privilegio de jugarse el pellejo, cada tarde, pertenece a los virtuosos dioses terrenales de luces. Desde un matador, a tarde por temporada, hasta el mismísimo líder del escalafón. Desde una plaza de talanqueras, hasta la mismísima Real Maestranza de Caballería de Sevilla en tardes de no hay billetes.

KB9
José Antonio y Karim son dos genios incomprendidos en su respectiva parcela profesional, víctimas de la polarización enfervorizada popular: amor u odio. Todo o nada estará bien. Nunca nadie gustó a todo el mundo, por simple diversidad de opinión o pensamiento. No cabe cuestionar la inexistente perfección en todo ámbito, sino la infravaloración dañina e intencionada. Si algo posee la crónica del toreo a pie, además de un sinfín de anécdotas, festejos y matadores, son las lecciones históricas y morales cíclicas a lo largo de cuatro siglos. No hace tanto, unos tales Curro Romero y Rafael de Paula fueron, entre otras cosas, diana, detrás de la puerta, en el despacho del alto ejecutivo, abonado en primera de barrera; crítica ejemplarizante para una prensa interesada y poco comprensiva, por ignorancia y falta de conocimiento técnico; y etiquetas simplistas para mercadear, ajusticiando y empequeñeciendo astronómicas dimensiones taurómacas.

El caso de Manolete: ¿no sabían que, durante su ejercicio profesional, fue tildado de perfilero y ventajista? Ni los grandes aficionados de postín ni los críticos de pluma fina anduvieron suficientemente avispados como para apreciar la fragua estético-técnica reinante, desde entonces, hasta nuestros días, esto es, el toreo moderno en su máxima expresión: faena en redondo a todos los toros. Ya lo dijo Juan Belmonte: "llegará alguien un día que hará faena a todos los toros". Fue Manuel, hijo de Doña Angustias.

Manuel, Curro y Rafael, a día de hoy, descansan en la suite presidencial del Panteón de los Taurinos Ilustres. O séase, para el aficionado, independientemente de su condición (torerista, torista, juerguista, guarnicionero, taxidermista, taxista o juancarlistayluegorepublicano), estos hombres forman parte del Patrimonio Artístico y Material Taurino. El tiempo, tan sabio y lento, camina quedo y  en silencio, colocando las piezas a su particular son.

Armonía
Morante, cuando su abulia e irregularidad lo permiten, practica el toreo más perfecto y puro del escalafón. No pretendo caer en ningún tipo de hagiografía o exégesis. Simplemente, callo, leo, observo y llego a conclusiones, desde mi exclusivo prisma subjetivo, sin pretensión de obtener reciprocidad o aprobación por parte de cualquier otro aficionado.

La faceta taurina displicente joseantoniana conforma la parte más desagradable: planteamiento y programación de temporada. La figura, en su concepción histórica, por naturaleza, debe comparecer en todas las plazas de categoría, durante varias tardes (matando encaste underground en alguna de ellas), y someterse a juicio valorativo por parte de los públicos más prestigiosos (Sevilla, Madrid, Bilbao). Pepe Luis Vázquez, tan artista y garboso, mató Miura. También, Rafael El Gallo. Además, Gallito. O Juan Belmonte. Y Chicuelo.

Dos figuras cosmopolitas, como José Tomás y Morante de la Puebla, ya viejos rockeros, continúan sembrando mariposas en el estómago del aficionado. Ejecutando el toreo caro en sus dos vertientes: apolínea y dionisíaca. Deben prodigarse más, en beneficio propio (más festejos en plazas importantes, más dinero y, si hay éxito, mayor prestigio de cara a la historia), del aficionado (presenciando la actuación de los mejores) y la tauromaquia (las figuras superiores atraen gente a las plazas y pueden enganchar al profano).

Con el paso de las décadas, el cigarrero entrará en el mencionado Panteón. Estoy seguro. Dada la notoria extravagancia estilística, a saber qué trapío lucirá, para recoger el premio, por aquellas calendas: patillas canosas alobeznadas, pelo blanquecino frondoso, camisas florales y pantalones color chillón. Hoy por hoy, no queda sino disfrutar, con ojos bien abiertos y cinco sentidos activados, de un personaje único, responsable de aunar y fundir maneras decimonónicas, gallistas, belmontistas, chicuelistas, pepeluisistas y, por supuesto, paulistas. Puro toreo sevillano.